Investigaciones de la ZAC evidencian que los caralinos desarrollaron conocimientos de ingeniería para enfrentar los efectos de los sismos, como las shicras. Su eficacia aún interesa a expertos.
Los recientes movimientos sísmicos registrados en Venezuela y en diversas ciudades del Perú, como Huancayo (Chupaca) y Lima, recuerdan que habitamos un territorio de alta actividad sísmica, donde la prevención y el desarrollo de tecnologías constructivas adecuadas son fundamentales para reducir riesgos.
En este contexto, las investigaciones realizadas por la Zona Arqueológica Caral (ZAC), Unidad Ejecutora 003 del Ministerio de Cultura, han identificado que los habitantes de la Civilización Caral desarrollaron, hace cinco mil años, un sistema constructivo sismorresistente que permitió a los edificios monumentales de la Ciudad Sagrada de Caral-Supe y de otros asentamientos resistir numerosos sismos a lo largo de milenios.
Un sistema constructivo adelantado a su tiempo
Las evidencias arqueológicas muestran que los antiguos constructores de Caral desarrollaron diversas soluciones de ingeniería para conferir estabilidad a sus edificaciones. Entre ellas destacan las shicras, bolsas tejidas con fibras vegetales, como junco y totora, rellenas con piedras de distintos tamaños.
Estas fueron colocadas estratégicamente en los rellenos constructivos de las plataformas y cimentaciones de los edificios piramidales. El sistema se complementó con muros escalonados de baja altura y otras soluciones arquitectónicas que permitían distribuir mejor las cargas, disipar la energía generada por los movimientos sísmicos y otorgar mayor estabilidad a las estructuras.
«Ante un movimiento sísmico, las shicras proporcionan mayor estabilidad a las estructuras, disminuyen los empujes y aumentan el amortiguamiento y la ductilidad. Individualmente y en conjunto controlan los desplazamientos producidos por las fuerzas de inercia sísmica», explicó la doctora Ruth Shady Solís, directora de la Zona Arqueológica Caral.
Además, las investigaciones desarrolladas en Vichama, ciudad agropesquera de Végueta-Huaura, han permitido identificar una evolución de esta tecnología constructiva mediante el uso de megashicras, bolsas de fibra vegetal de mayor tamaño y peso. Estas estructuras fueron utilizadas como parte de los sistemas de cimentación y estabilización de los edificios públicos, evidenciando el perfeccionamiento de los conocimientos de ingeniería transmitidos a lo largo del tiempo. Su empleo demuestra que las poblaciones de la tradición cultural Caral no solo preservaron este saber ancestral, sino que lo adaptaron y mejoraron para responder a nuevos desafíos constructivos y ambientales.
La ingeniería moderna confirmó su eficacia
Cuya eficacia ha sido corroborada por investigaciones arqueológicas y estudios experimentales contemporáneos. El fallecido ingeniero Julio Vargas Neumann, destacado docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú, comprobó experimentalmente su comportamiento al incorporarlas en la base de un prototipo de vivienda de adobe sometido a simulaciones sísmicas.
Durante las pruebas, la vivienda construida con shicras soportó significativamente mejor el movimiento que otra estructura similar levantada sin este sistema, la cual presentó graves daños estructurales. Los resultados confirmaron el aporte de esta tecnología ancestral para mejorar el comportamiento sísmico de edificaciones de tierra.
«Queremos que se conozca que la arquitectura de Caral tenía un conocimiento tecnológico muy superior a lo que pasaba alrededor en ese entonces; es un logro impresionante», afirmó en su momento Vargas Neumann.
El estudio, desarrollado en 2017 para el Ministerio de Vivienda junto con el arquitecto Roberto Prieto, concluyó que esta tecnología puede contribuir a mejorar el comportamiento sísmico de viviendas rurales de adobe de un piso y, además, ayuda a reducir el humedecimiento de los muros.
Un legado vigente para un país sísmico
El sistema constructivo sismorresistente desarrollado por la Civilización Caral demuestra que las sociedades andinas generaron soluciones innovadoras para adaptarse a las condiciones naturales de su territorio. Elaborado con materiales locales y de bajo impacto ambiental, constituye un ejemplo de ingeniería, sostenibilidad y aprovechamiento inteligente de los recursos disponibles.
Si bien las edificaciones actuales responden a normas técnicas, materiales y sistemas constructivos distintos, el estudio de esta tecnología ancestral aporta valiosas enseñanzas sobre la adaptación al riesgo sísmico y continúa inspirando nuevas investigaciones orientadas a comprender y valorar el conocimiento desarrollado por las antiguas sociedades andinas.
Asimismo, este legado recuerda la importancia de fortalecer la cultura de prevención mediante el cumplimiento de las normas de construcción vigentes, la elaboración de planes familiares de emergencia, la identificación de rutas de evacuación y la participación en los simulacros organizados por las autoridades.
Cinco mil años después, el sistema constructivo sismorresistente desarrollado por la Civilización Caral continúa demostrando que el conocimiento científico y tecnológico de la primera civilización de América mantiene plena vigencia y constituye un valioso referente para la investigación científica y para el desarrollo de soluciones orientadas a construir sociedades más seguras, resilientes y sostenibles.
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